Hace algunos años, estando yo trabajando como repartidor de pan, (eran los años del 84 al 86), me tenia que levantar a las tres de la mañana, para salir a repartir.
Un día cuando estaba terminando el trabajo, me entró unos ardores de estomago, (lo que nosotros llamamos ardentía), y tenía un malestar que no sabía como aliviarlo, con lo que decidí, acercarme a una farmacia para que me mandara algo con que aliviar dicho malestar, recetándome unas pastillas llamadas Secrepat, y que tomara mucha leche.
Al llegar a casa, hice lo que me dijo el farmacéutico, no comí nada, me tomé la leche, y la pastilla,y me acosté a dormir la siesta, cosa que me fue imposible pues las dolencias seguían igual.



Harto de estar en la cama y sin poder dormir, me levanté, y me fui a la cocina para buscar un remedio que aunque algo antiguo era muy eficaz, “el bicarbonato”, que echándose un poco en la mano y luego introduciéndolo en la boca ayudado con un poco de agua, era “mano de santo”.
Pues yo siguiendo la costumbre de los mayores, cogi mi bicarbonato, me puse una buena dosis en la mano, y cerrando los ojos, me lo puse en la boca y, “ aquí está el pero”, que en vez de tomármelo con agua, para que la reacción, y la eficacia fuera mayor me dio por tomármela, ( o eso era lo que yo quería), con un tónica, jeje, cuando esos dos componentes (bicarbonato, y tónica) se juntaron, no tenía suficiente boca, para albergar el montón de espuma que allí dentro se formó.
Cuando yo empecé a soltar la dichosa espuma, por la boca, la nariz, y me parece que hasta por los ojos, no sabía para donde tirar (puesto que la puerta del patio estaba hasta cerrada, para más inri), y cuando terminé de soltar la espuma de la tónica y del bicarbonato, me senté en el taburete mirando la cocina, cansado, los ojos rojos del esfuerzo, y con la mandíbula, de aguantar la espuma más estirada que la nómina a fin de mes tuve que aguantar la bulla de mi mujer, que me decía ¡¡ eso no se le ocurre, ni al tonto de la manteca!! Y llevaba toda la razón jejeje.
“Un consejo”. No hacer esta prueba, bajo ningún concepto, y menos, en sitios cerrado, “la tónica y el bicarbonato” siempre por separado