Estos fortines o nido de ametralladoras fueron construidos para la
vigilancia y defensa de las costas, pero según he leído tuvieron poco
uso, puesto que al construirlo no tuvieron la precaución de dejarles unas salidas para los gases que soltaban las ametralladoras al disparar, así que cuando lo probaron por poco si se mueren los que estaban dentro a consecuencia de la acumulación de gases.
Así que a quien mejor le vino los fortines fueron a los niños de nuestra época que nos servia, para muchos sábados después de comer ( y mas que nada en la primavera), irnos a jugar a los cerros de camarón y meternos en el fortín cuando aun estaba dentro de lo que eran las dunas y allí jugar a la guerra y esperar mirando por las troneras de las ametralladoras que vinieran esos barcos que nosotros esperábamos con nuestras cañas como fusil, para repeler el ataque de esos barcos imaginarios que nos vendría por la playa.
Todo eso era mientras nos no saliera un personaje, que era el que mandaba en todos los cerros de camarón y que mas de una vez salía detrás de nosotros, y otras veces nos contaba cosas de esa guerra civil que le toco vivir.
Muchos de aquí de Chipiona, ya sabrán al personaje al que me refiero, ese no era otro que el famoso y veterano legionario “Murillo”.







